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La historia detrás del himno: CUAN GRANDE ES ÉL

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Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que este himno ha cautivado los corazones de más cristianos en nuestra generación que cualquier otro himno escrito.

La forma original de ¡Cuán Grande Es Él! fue escrita en el idioma sueco en 1885, hace ya más de un siglo. Un poema escrito por Carl Boberg, un predicador de 26 años de edad quien lo escribió bajo el título “O Store Gud” que traducido literalmente sería “Oh, Grande Dios”. Era un día cálido de verano, Carl y algunos de sus amigos habían ido a un servicio especial como a dos millas de distancia de su casa. Y mientras regresaban, los alcanzó una fuerte tormenta con truenos, rayos, relámpagos y fuertes vientos que arrasaron los campos de los alrededores; y así como vino de rápido, así mismo desapareció. El sol brilló nuevamente, apareciendo un bello arcoíris confirmando la promesa de Dios. En seguida, mientras el arcoíris desaparecía y el sol hacía lo mismo en el occidente en aquel dulce atardecer, a la distancia se podía escuchar el “canto” de la vegetación tocado por la brisa y la campana de la iglesia anunciando un funeral en aquella tarde.

La mera presencia de tales circunstancias, la belleza en derredor y el sonido de la campana – todo esto se combinó para contribuir en la formación de un lindo poema en la mente de este joven predicador. El tema de este poema ha sido traducido en muchas lenguas y en muchos lugares y después de muchos años ha llegado a ser conocido con el nombre de ¡Cuán Grande Es Él!

Cada traducción ha enriquecido el contenido del poema al contribuir al “sabor” particular de cada pueblo; nuestra traducción al español vino de la traducción inglesa hecha por el misionero Stuart K. Hine, quien fue misionero a la parte oeste de Rusia. Al ver la historia completa del himno, no se puede concluir otra cosa más que el Señor envió el misionero Hine a aquella área particular de Rusia, el mismo Stuart afirmó que “Dios lo había puesto a través de unas experiencias inolvidables en el campo misionero”. Estas experiencias, sumadas al esplendor y la belleza de donde él fue misionero se combinaron para darle a Stuart el sentimiento de un pavor reverente ante la grandeza de nuestro Dios. Y finalmente, esto guió a Stuart a describir la historia del himno en sus propias palabras.

El señor Hine recuerda que el primer lugar a donde él fue, se paró en una esquina del pueblo, cantó un himno y leyó el capítulo tres del evangelio de Juan, pero una tormenta se desató. Él recuerda la grandeza del eco de los truenos a través de las montañas, y acordándose del himno sueco “O Store Gud” lo llevó a escribir la primera estrofa del himno al inglés.

Después él cruzó la frontera para llegar a Rumania, a una región bastante boscosa; allí él encontró creyentes que se reunían bajo grandes árboles y disfrutaban de la belleza del campo mientras alababan a Dios, lo que lo llevó a escribir la segunda estrofa del himno.

Mientras el misionero Stuart Hine continuaba predicando y distribuyendo el evangelio, tuvo una experiencia que lo llevaría a escribir la tercera estrofa del himno. Conoció a una pareja que poseían una Biblia desde hacía 20 años (la Biblia había sido dejada por un soldado ruso que había huido), pero ellos no la podían leer. Ese mismo año que Hine conoció la pareja, la esposa de la pareja había decidido aprender a leer la Biblia. Perseverando en la lectura, ella empezó a entender lo que leía, y además se la leía a otros del pequeño pueblo, quienes se maravillaban de la preciosa historia de la crucifixión. Las lágrimas empezaban a rodar al ver hombres y mujeres postrarse en sus rodillas para clamar al Señor. Fue en ese preciso momento cuando llegó el misionero Hine y presenció tal escena que lo llevó a escribir esta estrofa.

Pasaron unos diez años para que él escribiera la cuarta estrofa; el Señor usó estos años para hacerle ver al misionero Hine la importancia de las palabras “Hogar” y “Cielo”, mientras él trabajaba con muchos refugiados de la segunda guerra mundial en Inglaterra. La primera pregunta que estos refugiados hacían era: “¿Cuándo regresaremos a casa?”, y que mejor respuesta les podía dar: que el Señor estaba preparando unas mansiones mejores para ellos y que Él había prometido venir por sus hijos para llevarlos al cielo.

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Himno Cuan grande es Él

Señor, mi Dios, al contemplar los cielos,
El firmamento y las estrellas mil.
Al oir tu voz en los potentes truenos
Y ver brillar al sol en su cenit.

Coro:

Mi corazón se llena de emoción.
Cuan grande es Él. Cuan grande es Él.
Mi corazón se llena de emoción.
Cuan grande es Él. Cuan grande es Él.

Al recorrer los montes y los valles
Y ver las bellas flores al pasar.
Al escuchar el canto de las aves
Y el murmurar del claro manantial.

Cuando recuerdo del amor divino,
Que desde el cielo al Salvador envió.
Aquel Jesús que por salvarme vino,
Y en una cruz sufrió y por mi murió.

Cuando el Señor me llame a su presencia,
Al dulce hogar, al cielo de esplendor.
Le adoraré, cantando la grandeza
De su poder y su infinito amor.